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Diferencias en la conducción entre un coche diesel y uno de gasolina

Hoy en día, y a pesar de las continuas novedades, en forma de vehículos híbridos y eléctricos, que podemos encontrar en los salones del automóvil de distintas partes del mundo, el parque móvil mundial está formado principalmente por coches con motores de combustión, gasolina y diésel, que siguen siendo las opciones más demandadas por los compradores.

 

No obstante, aunque tienen una ingeniería parecida, no se puede decir lo mismo de la conducción para la que está preparado cada motor, pues cada uno de ellos requiere de un trato y de una manera de conducir distintas.

Diferencias entre conducir un coche diésel y uno de gasolina

A simple vista, nada más ponernos al volante de un vehículo, podremos saber si este emplea gasolina o diésel prestando atención al cuentarrevoluciones. Generalmente, los motores gasolina son capaces de funcionar a unas revoluciones más altas que los vehículos diésel, así como entregar el par y la potencia máxima en la zona alta del propio cuentavueltas.

 

Debemos saber cómo conducir un coche de gasolina correctamente, así como aquellos con motores de gasóleo pues, por norma general, un motor gasolina entregará lo mejor de sí mismo entre las 3000 y las 4000 revoluciones por minuto, mientras que el régimen óptimo de giro del diésel está entre las 1500 y las 2500 rpm. Se trata de motores ideales si el uso que se le va a dar va a ser exclusivo de ciudad pues son estos motores los que sufren menos en ambientes urbanos, especialmente si van combinados con un sistema híbrido, ideales para recorridos de este tipo por ciudades con reducidos límites de velocidad como puede ser Zaragoza.

 

Llegados a este punto, comenzando por los coches con motor de gasolina, cabe dividirlos en aquellos motores gasolina que se valen de un turbocompresor para entregar la potencia y las prestaciones, y aquellos que no necesitan de turbo para su funcionamiento, conocidos más comúnmente como motores atmosféricos.

 

Motores atmosféricos de gasolina

Los motores atmosféricos requieren de un funcionamiento en la parte alta del cuentavueltas, ya que su par máximo y potencia máxima la entregan, por lo general, pasadas las 3000 vueltas, por lo que demandar al motor por debajo de este régimen será ineficiente y repercutirá en una menor capacidad de aceleración y recuperación, así como en un aumento de la rumorosidad en el interior.

 

El consumo de estos propulsores tiende a ser ligeramente mayor al de los motores turbo gasolina debido a que, como comentamos anteriormente, será necesario subir el motor de vueltas para obtener una buena respuesta. No obstante, al carecer de turbo y, por tanto, de componentes de ingeniería complejos, serán motores que garantizarán un buen nivel de fiabilidad con el paso de los años y los kilómetros.

 

Motores gasolina turbo

Los motores gasolina turbo, por otro lado, no tienen ese ‘problema’, pues gracias a la acción del turbocompresor, disponen de potencia en bajas, hasta tal punto que algunos vehículos ya entregan toda su fuerza desde tan solo 1250 rpm, como es el caso de algunos motores BMW.

 

Con estos motores no necesitaremos revolucionar tanto el propulsor para conseguir una buena aceleración así como su par máximo, por lo que no necesitaremos jugar tanto con el cambio de marchas y podremos mantener el motor en un régimen más relajado, lo que nos permitirá, de paso, ahorrar en consumo.

 

Por contra, son motores que no se estiran tanto como los atmosféricos, por lo que no podremos disfrutar de ese sonido tan característico a altas vueltas del que sí disponen estos últimos.

 

Motores diésel

Antes de conocer cómo conducir bien un diésel, debes saber que prácticamente la totalidad de los motores diésel que se venden hoy en día ya disponen de turbocompresor, por lo que no mencionaremos los motores diésel atmosféricos que se vendían hace años.

 

Con estos diésel turbo tendremos asegurada una buena respuesta a bajas revoluciones y la potencia máxima la encontraremos rápidamente, debido a su menor margen de giro. Estos motores son ideales para llevar a cabo grandes cantidades de kilómetros y largos viajes, siendo especialmente útiles y económicos en aquellos trayectos por vías rápidas, penalizando ligeramente en ciudad, donde tienden a dar más problemas que los motores de gasolina.

 

En general, no deberías plantearte comprar un diésel si vas a recorrer menos de 20.000 kilómetros anuales, a menos que seas un enamorado de estos propulsores, dado que el sobreprecio con respecto a un motor gasolina será difícil de amortizar y el ahorro en el consumo de combustible tampoco llegará a ser rentable hasta pasado el suficiente tiempo como para cambiar de coche.

 

El sentido de estos propulsores radica en los recorridos largos o si el vehículo va a ser sometido a mucha carga, donde el par de los motores diésel saca ventaja a un motor gasolina. Son ideales si son empleados para recorridos extraurbanos, como pueden ser alrededor de la provincia o, incluso, para cruzar el país con ellos y, dado que son más sencillos de conducir, son los utilizados por muchas autoescuelas en Zaragoza para que los alumnos aprendan correctamente a conducir.

 

Consecuencias de conducir mal un coche

Problemas con los sistemas anticontaminación

Todos los vehículos que salen nuevos de fábrica hoy en día, poseen de serie estos sistemas que, de no practicar una conducción adecuada, pueden llegar a taponarse, formándose en ellos distintos depósitos de carbonilla que repercutirán en un peor rendimiento del motor así como en el aumento de partículas contaminantes que este expulsará.

 

A pesar de que los fabricantes se han esforzado en implementar sistemas de regeneración automática de estos filtros, si practicamos una conducción inadecuada será inevitable que estos filtros acaben por saturarse. Es por esto que debemos llevar siempre el propulsor en un correcto régimen de revoluciones, que es aquel que nos permita disponer del par máximo del motor en todo momento, así como evitar utilizar el coche única y exclusivamente para trayectos urbanos, recorriendo también unos cuántos kilómetros por vías rápidas donde el propulsor vaya más alto de revoluciones, lo que favorecerá el correcto funcionamiento de estos sistemas anticontaminación.

 

Desgaste prematuro de los componentes del motor

Una de las principales consecuencias de conducir un vehículo con un régimen de revoluciones inadecuado es el desgaste prematuro de las distintas partes que conforman el motor, así como del propio propulsor, acortando su vida útil y haciendo que, a la larga, el coche de más problemas y pase más tiempo en el taller. Es por esto que no debemos caer en el tópico de que conducir a menor régimen de giro es beneficioso para los consumos y para el motor.

 

Esto es muy subjetivo, ya que aunque a velocidad constante en vías rápidas sea mejor llevar engranada una marcha más larga y el propulsor a un nivel de revoluciones más bajo, a la hora de exigir al motor, ya sea en aceleraciones, recuperaciones o a la hora de afrontar una subida pronunciada, siempre será más beneficioso para el motor utilizar una marcha más corta y subir el propulsor de revoluciones, evitando así sobre-esfuerzos de la mecánica y beneficiando la expulsión de carbonilla y la correcta quema de las partículas contaminantes en los filtros del vehículo.

 

Rotura del turbocompresor

Por último, y siempre que nuestro vehículo disponga de turbo, debemos prestar atención a este frágil componente para no incurrir en averías y en caras reparaciones. Por norma general, después de realizar un trayecto, debemos dejar el motor unos minutos al ralentí, para que el turbocompresor disponga del tiempo suficiente para refrigerarse y llevar a cabo una correcta lubricación, evitando así que el aceite caliente del motor provoque carbonilla en su interior.

 

 

 

El funcionamiento de los propulsores gasolina y diésel requiere de que el conductor lleve a cabo un uso correcto de ellos, realizando una conducción adecuada con respecto a las características de funcionamiento de cada uno. Existen grandes diferencias entre conducir un coche de gasolina y un diésel, por lo que no debemos hacer uso de ellos de la misma manera si queremos que el vehículo permanezca en las mejores condiciones de funcionamiento durante el mayor tiempo posible.

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